miércoles, 30 de septiembre de 2026

CONTACTO

 RECUERDOS DEL PASADO

                                           Carretera vecinal CV -204

 

 

 

 

“ Antes de que se me olvide”.

Un relato real, de un viaje de luz, y conexión cósmica.  

                            "Expediente Used "

*      

Hay instantes que se graban a fuego en la memoria, mientras que otros, por alguna razón incomprensible, quedan sepultados bajo capas de olvido, hasta que una grieta del destino los devuelve a la luz. A veces son recuerdos de júbilo; otras, de puro pavor. El suceso que aguarda en estas líneas comenzó con una extrañeza silenciosa, devino en un temor reverente y culminó en un enigma que todavía hoy desafía toda lógica.
​Cuando alguien relata un encuentro con lo inexplicable —una luz anómala, una sombra imposible sobre el manto nocturno—, la incredulidad es la respuesta más cómoda. Es fácil buscar el refugio del escepticismo cuando la historia pertenece a otro. Sin embargo, cuando la experiencia te atrapa en propia carne y compartes el aliento contenido con quien viaja a tu lado, la certeza aplasta cualquier duda. No hay teoría racional que sirva de consuelo cuando lo imposible se posiciona a escasos metros de tu ventana.



    Imagen aproximada del comienzo del avistamiento

​CONTACTO. La persecución en la CV-204

​Serian sobre las once de la noche. Tras la calma de una tarde en Daroca, Bienvenida y Javier emprendieron el regreso a Used,  pueblo natal de Bienvenida. Los separaban apenas veintiún kilómetros de trayecto a bordo de su pequeño SEAT 600, un vehículo modesto que con sus luces, cortaba la penumbra de la comarca.
​Used descansa a mil cincuenta metros de altitud aproximadamente, en las faldas del cerro o pico de Berrocal, arrullado por las sombras de la sierra de Santa Cruz y la cercanía de la milenaria laguna de Gallocanta. El cielo de aquella noche se desplegaba limpio, glacial y cuajado de estrellas. Nada presagiaba que la rutina del viaje estuviera a punto de romperse.
​Avanzaban a ritmo constante por la A-211, Daroca- Molina de Aragón. Coronaron el puerto de Santed y, tras dejar atrás el descenso, viraron a la derecha para tomar la CV-204, la carretera vecinal que los conduciría a casa. Faltaban únicamente ocho kilómetros. La vía comenzaba con una recta hipnótica de dos kilómetros que desembocaba en una leve curva hacia la izquierda, justo donde nace el desvío hacia la pequeña población de Balconchan.
​Fue en ese preciso instante cuando el universo conocido se fracturó.
​A la izquierda de Javier, sobre el horizonte de la noche, emergió un lejano bermellón. Al principio, un tenue punto rojo entre las constelaciones; en cuestión de segundos, una presencia que crecía a una velocidad desconcertante. Pensaron en la silueta distante de un helicóptero, pero la ilusión duró poco. Ante la mirada atónita de los dos jóvenes, la luz se materializó en una esfera del tamaño del propio automóvil, desprendiendo un fulgor rojo anaranjado que no proyectaba sombras terrenales.
​Se colocó en paralelo al vehículo. A tan solo cien metros. Apenas a diez metros sobre el firme de los campos.
​Un escalofrío recorrió el habitáculo del SEAT 600. Javier pisó el freno. El motor continuó ronroneando en la penumbra mientras la pareja, paralizada dentro del habitáculo, observaba el fenómeno sin atreverse siquiera a abrir la puerta. La esfera suspendida en el aire parecía observarlos a su vez.
​Con las manos firmes al volante y el corazón desbocado, reanudaron la marcha muy despacio. La respuesta del objeto fue inmediata: la bola de fuego se desplazó al unísono, escoltándolos en un silencio absoluto, manteniendo la distancia de cien  metros como si estuviera atada al coche por un invisible hilo de acero.
​Javier volvió a detener la marcha. La esfera se detuvo en el acto. Aquella luz no obedecía a las leyes de la física conocida; poseía una voluntad, una conciencia inquietante.
​Dominados por el afán de poner fin a la pesadilla, aceleraron. El velocímetro marcó los ochenta kilómetros por hora, pero no hubo distancia que valiera: la esfera volaba a su par, imperturbable, devorando la distancia en una danza siniestra y perfecta.
​Así recorrieron varios kilómetros en una tensión insoportable, hasta divisar el paraje conocido como Los Chaparrales, muy cerca ya de Used. Justo antes de cruzar ese tramo, la esfera interrumpió su escolta. Sin emitir un solo sonido, inició un ascenso vertical prodigioso, disparándose hacia el cenit hasta disolverse entre las estrellas en cuestión de segundos.
​Pocos minutos después, el SEAT 600 entraba en las calles desiertas de Used. No hubo fallos en el motor, ni destellos cegadores, ni marcas en la carrocería. Solo dos jóvenes que entraron en su casa, cerraron la puerta y se entregaron al descanso.


DES-CONTACTO . -La sombra sobre la memoria-.


​Lo verdaderamente perturbador no ocurrió aquella noche en la CV-204, sino en los años venideros.
​Al día siguiente, el sol volvió a salir sobre el altiplano de Used, pero el avistamiento había desaparecido. Pasaron los días, los meses y los años. Bienvenida y Javier continuaron con sus vidas, se casaron y compartieron miles de conversaciones, pero jamás volvieron a mencionar la esfera roja. No hubo pactos de silencio ni temores confesados: sencillamente, el evento había sido extirpado de sus mentes con precisión quirúrgica.
​Tuvieron que transcurrir casi dos décadas para que el velo se rasgara. Ocurrió a finales de los noventa, durante una cena informal con amigos del pueblo. Alguien lanzó al aire una anécdota sobre ovnis y, en ese instante, el cerrojo de la memoria saltó por los aires. Los recuerdos sepultados emergieron con la claridad del primer día: la claridad de la noche, el traqueteo del SEAT 600, la carretera solitaria y la bola de fuego flanqueando su camino.
​Ambos se miraron, atónitos, comprendiendo en ese segundo el abismo del enigma. Habían vivido una experiencia formidable entre 1976 y 1981 —un sábado de verano cuya fecha exacta jamás lograron reconstruir— y, durante veinte años aproximadamente,  no supieron que la llevaban dentro.
​¿Qué ocurrió realmente en esos kilómetros de soledad? ¿Qué clase de presencia escoltó su viaje y por qué el olvido los protegió —o los aisló— durante tanto tiempo? Son preguntas que flotan en el aire de la sierra de Santa Cruz, tan insondables como el brillo rojo que una vez desafió las leyes de la noche.


            Mapa del entorno de las carreteras A-211 y CV_204 , (en azul el punto de avistamiento)

 

PD. Todavía, después de transcurridos  cincuenta años, seguimos recordando aquel suceso, y el "espacio en blanco temporal", que surgió tras el “incidente”. Algún día en nuestro regreso, de vuelta al más allá, el Ser Supremo, nos revelará , el porqué de las dos fases, -el contacto y el olvido-, pero ya no lograremos  comunicar con vosotros, de todas formas  -os esperaremos en ese espacio de tiempo espiritual -, hasta que, los que habéis leído este “encuentro”, os reunáis  con nosotros a descifrar este enigma, todo ello en el espacio infinito de los tiempos, será allí,  donde esa bola de color rojo anaranjado, nos estará esperando.

 Testimonio de:

Bienvenida Gómez.

                 Y

Francisco Javier Murillo.   MMXXVI.  

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